Ciudadan@s: un manifiesto

Parte I

Hemos imprimido muchas veces en papel la palabra Democracia. Aun y así no puedo dejar de repetir que la verdadera esencia de su significado permanece dormida aún, no del todo despierta, a pesar de su resonancia y de las diversas tormentas de ira, en palabra o tinta, que sus sílabas generan. Es una gran palabra cuya historia permanece aún sin ser escrita, supongo, porque esa historia está todavía por ser forjada.

Walt Whitman (Perspectivas democráticas)

La democracia yace adormecida, pero aun aletargada, la palabra “ciudadano” conserva el sentido de ideal. Actuar como ciudadan@ es materializar el ideal de igualdad; comportarse cívicamente es ser consciente de la influencia que cada acción individual tiene. Este manifiesto busca esbozar los principios de la ciudadanía y delinear algunas de las barreras que impiden una mayor participación ciudadana. Está enfocado a sugerir, más que a adoctrinar, en la creencia de que los comportamientos no deben obedecer al código de la ley sino a los “hábitos del alma” que se crean dentro de nuestro entorno y nuestra ética.

L@s ciudadan@s de los Estados-nación modernos, aun habitando en una plataforma de conexión instantánea nos sentimos desconectad@s; como si l@s principales operari@s del poder nos pasasen por alto. Llevamos una vida de “pariente lejano”, con una percepción del espacio cívico empequeñecida: un espacio en el que l@s individu@s declaran su interés público y se reconocen un@s a otr@s como ciudadan@s. Se ha sustituido el concepto de democracia como proyecto compartido por una corriente de pensamiento que ubica la motivación humana en el deseo de competir, y que se refiere a “la sociedad y el individuo” como si fueran cosas opuestas. Este punto de vista alimenta una actitud de sospecha mutua y explica por qué una sociedad que ha alcanzado tanto se ha vuelto tan escéptica sobre su propio potencial. El cinismo chic de última moda es un empalagoso jarabe que se cuela en cada poro de nuestro cuerpo político, debilitándonos las fibras y corroyéndonos el espíritu. En nuestro intento de resucitar la ética social, merece la pena tomar nota del consejo de un@ ciudadan@ anónim@: “dejemos el pesimismo para un mejor momento”.

La ciudadanía es el guión común que aúna el habla de los distintos pueblos. Su habilidad para amalgamar la sociedad depende de un estándar universal de educación cívica, que se ve impedido por la perpetua disparidad en educación, salud y riqueza. En muchas democracias parlamentarias, estas divisiones se ven agravadas por una clase política que, al contrario de lo que reza su credo, desconfía profundamente de su electorado. Para que se dé un entorno que fomente la asociación cívica se requiere una radical redistribución del poder, muy lejos del modelo actual de centralización basada en el mercado (y que paradójicamente viene de la desconfianza hacia ambos: estado e individuo). Depositando la toma de decisiones en manos del mercado y la puesta en vigor de las políticas en manos de gerentes distantes, el capitalismo “liberal” ha horadado la esfera pública, desmantelando la estructura social y haciendo jirones los territorios de comunión cívica. Este proceder ha devaluado esos lazos de confianza que son la moneda oficial de cualquier intercambio cívico; un déficit que genera y perpetúa la falta de civismo y que arroja dudas sobre la viabilidad de las relaciones de reciprocidad. Si queremos forjar una identidad cívica, primero es necesario elevar nuestra estima por la capacidad que l@s individu@s tienen para convertirse en ciudadan@s crític@s y creativ@s. Sólo así se pueden generar las condiciones para que se dé un “despertar cívico” que transforme la vida de la democracia.

El auge del capitalismo autoritario en los antiguos estados comunistas pone de relieve las alternativas a las que opta nuestra renqueante democracia: o un planteamiento que favorezca la participación ─y que exige a l@s ciudadan@s que se involucren activamente─ u otro que la restrinja, lo que supone su negación. En el modelo opresivo, l@s individu@s compran con sus derechos de ciudadan@ la libertad para ser consumidor@s: lo que les convierte en seres sujetos a un servilismo conformista, al haberles sido negada una forma de libertad cívica que lleva a una mayor realización personal. Aunque puede que los valores de nuestra actual cultura apunten hacia esta dirección, semejante énfasis en la riqueza material no llega a satisfacer las necesidades sociales y espirituales de una sociedad cada vez más diseminada. En lugar de alimentar la capacidad de empatía de l@s ciudadan@s, la cultura del consumismo les infantiliza y les mantiene en “perpetua inmadurez”. Esta forma de paternalismo desteta a l@s individu@s de sus propios deseos: al ser privad@s de su ciudadanía, buscan expresarse a sí mism@s como consumidor@s, sólo para encontrarse atrapad@s en una viciosa espiral de insatisfacción y gratificación inmediata. A la vez que infla el ego, el consumismo atrofia la imaginación. Esta ideología del individualismo ha sido mucho más efectiva para la represión de la individualidad que cualquier otra cultura conformista, en parte porque se apodera de casi toda forma de rebelión. Verdaderamente, es tanta la energía creativa que canalizamos hacia el consumo que resulta difícil imaginar una forma de vida diferente. (He aquí la paradoja del igualitarismo: la igualdad de condiciones lleva a una mayor diversidad de opiniones). Negarse a participar en la inacabable carrera por la adquisición no significa darle la espalda al mundo, sino levantarle el velo para poder contemplar su armonía y la de sus habitantes.

Para que se desarrolle la conciencia cívica se tiene que dar una transición de la democracia de consumo a una democracia cívica; de un enfoque que imita al mercado a uno que ofrezca alternativas dentro de un marco ético. De momento, l@s individu@s son consumidor@s de una política pública pero no participan en su creación: se les pregunta su opinión pero no tienen voz ni voto para establecer las preguntas o las pautas del debate. Por consiguiente, su participación es bidimensional ─pueden decidir si “aceptar la oferta” o no─ y, sobre todo, es pasiva ─especialmente en un entorno fuertemente mediatizado por un cuarto poder tan comercial. A diferencia, la democracia cívica es activa y deliberativa (más que pedir por pedir, exhorta a), sabedora de que el compromiso político hace que l@s ciudadan@s se transformen a sí mism@s. Mientras que la democracia de consumo se basa en la inherente desigualdad del mercado, la democracia cívica funciona desde la premisa de que l@s ciudadan@s son “soci@s a partes iguales” y que así como diferimos en nuestros gustos a la hora de consumir, compartimos sin embargo las mismas aspiraciones cívicas: espacios verdes públicos y limpios, buena calidad en los servicios locales y una vida cultural rica en diversidad. En el epicentro de esta transformación debe estar la creación de una cultura cívica que nos eleve, que sea experimental y que sea engendrada con grandes expectativas. Una cultura cívica es, por encima de todo, una cultura de mutuo reconocimiento, ya que es la interdependencia lo que conforma su espina dorsal ética. Sitúa la contribución cívica por encima de la acumulación personal: no se trata sólo de remuneración ─l@s maestr@s, por ejemplo, reciben un tipo de retribución que no se puede cuantificar en términos puramente materiales─ sino de cómo valoramos el trabajo y el significado que le damos. Lo verdaderamente crucial de esta cultura cívica es que comprende que el abismo que hay entre las fortunas expone a cada ciudadan@. Y que el sufrimiento que preferimos no ver, bien podría haber sido, y puede ser, el nuestro.

Un manifiesto debe hacerse manifiesto para justificar su finalidad y este, en concreto, necesita ser corregido y completado con la puesta en práctica de la acción cívica. La más reciente de las luchas por la ciudadanía bien podría ser la más difícil hasta el momento, ya que los obstáculos están embebidos en nuestra forma de vida diaria, producto de nuestras costumbres y de una falta de criticismo sobre nuestra herencia. L@s escéptic@s argumentan que el destino de la democracia está ya escrito, que su estrella está eclipsada y que el sino de nuestra generación es recitar de carrerilla sus actos finales. Pero esa visión subestima la atracción hacia el encanto que tiene el ideal cívico ─casar “la buena vida” con “el bien común”─ y subestima nuestra voluntad, incluso nuestro gusto, por llevar a buen término las causas difíciles. El Hombre Económico, con sus constreñidos cálculos y su roído sentido de auto-conservación, es incapaz de calcular la amplitud del mapa de los anhelos humanos. De su sombra surge una más noble forma, El Hombre Cívico: un animal social que divisa un mundo más allá de un@ mism@. Darse cuenta de la fuerza que genera la unidad podría despertar la imaginación cívica, que surge de entender que “el arte de vivir” se puede llegar a alcanzar pero no en solitario sino con y por los demás ─y en una sociedad que se atreve a serle fiel a la palabra “Democracia” y cuy@s ciudadan@s la ponen en práctica cada día─.
 

Parte II

 • Un@ ciudadan@ lo es en todo momento y en cualquier lugar.

 • El estatus de ciudadan@ no viene definido por el gobierno ni se deriva del Estado: existe por virtud de la sociedad misma. Su identidad va más allá de la geografía o el género, de la sexualidad o el origen étnico, de la profesión o la religión: la ciudadanía hace referencia a la totalidad (e imperfección) de l@s individu@s, más que a su procedencia o afiliación.

 • Un@ ciudadan@ evoluciona, y de ese proceso se enriquece la sociedad en la que habita. Su ciudadanía no es nunca estática, sino que la alcanza con cada acción e interacción. Un@ ciudadan@ renueva su ciudadanía a diario.

 • Un@ ciudadan@ valora el espacio público. No lo ve como un lugar de paso, sino como un lugar para estar, un lugar de intercambio y creación. Tiende hacia él y presta atención a su arte y su arquitectura.

 • Un@ ciudadan@ protege y conserva el entorno natural y evalúa su propio impacto en el ecosistema local y global. L@s ciudadan@s son conscientes del carácter frágil de la biodiversidad: la extinción de una especie es irreemplazable e irreversible, y no se puede compensar con la creación de riqueza, por muy grande que esta sea. L@s ciudadan@s son l@s encargad@s (no l@s dueñ@s) de la tierra, y consideran el planeta como un hogar a compartir, no como un bien a explotar. Trabajan con su comunidad para crear un paisaje con vida que sea acogedor, habitable y sostenible, con el menor ruido y la menor contaminación posible del aire y la luz. 

 • Un@ ciudadan@ tiene poder. Lo ejercita cada día: activamente al elegir y pasivamente al desentenderse. Un@ ciudadan@ se para a pensar en cómo su poder afecta a los demás y no abusa de él: respeta su propio poder y el de l@s demás conciudadan@s.

 • Un@ ciudadan@ no es un@ cínic@. El cinismo es el refugio de l@s incapaces.

 • Un@ ciudadan@ crea las condiciones en las que una ciudadanía pueda florecer. Trabaja para combatir la alienación, la apatía y el deterioro social, y para fomentar el sentido cívico de un@ mism@.

 • Un@ ciudadan@ no rechaza la política sólo por los defectos de l@s polític@s. Un@ ciudadan@ es un animal político.

 • Un@ ciudadan@ vota y anima a sus conciudadan@s a que lo hagan. Sigue de cerca las campañas electorales y aprovecha la ocasión para cuestionar a l@s polític@s sobre sus promesas y lo que han logrado. No obstante, l@s ciudadan@s son conscientes de la limitación de los cargos electos y de que las elecciones son un modo de expresión, y por tanto buscan promover el cambio a diario y en ruedos menos formales: allí donde hay gente sin voz propia y los votos no se conquistan.

 • Un@ ciudadan@ es un@ internacionalista y trabaja por las causas de la libertad, la igualdad y la justicia en cada rincón del planeta. L@s ciudadan@s nunca subestiman la importancia de sus opciones: toda acción tiene una repercusión.

 • Un@ ciudadan@ es consciente de las implicaciones éticas de sus hábitos de consumo: del impacto que estos producen en los derechos de l@s trabajador@s, en los derechos de los animales y en el medio ambiente. L@s ciudadan@s reivindican que los estándares universales en estas áreas son fundamentales para un comercio justo, y que forman parte del “terreno de juego neutro” para las economías emergentes.

 • Un@ ciudadan@ entiende cómo funcionan y por qué fallan los mercados, y cómo los gobiernos pueden interceder para evitar su fracaso. L@s ciudadan@s se resisten a privatizar los lugares públicos de ocio y elevan peticiones para asegurarse de que la infraestructura cívica esencial opere como una propiedad común. 

 • Un@ ciudadan@ promueve la democracia en su lugar de trabajo, ofreciendo modelos de colaboración como las cooperativas y las mutualidades. L@s ciudadan@s apoyan las dinámicas que les hacen situarse en el centro de la toma de decisiones, como el presupuesto participativo y los juicios ciudadanos, y defienden el sorteamiento como medio para desarrollar una ciudadanía comprometida e instruida. 

 • Un@ ciudadan@ está presente, no representad@, y lo hace de propia voluntad.

 • Un@ ciudadan@ está al tanto del tratamiento que se da al género y a la orientación sexual en los medios de comunicación y el mercado laboral, y cuestiona aquellas tendencias que infantilizan y convierten a las personas en objetos de consumo.

 • Un@ ciudadan@ defiende la integridad del espacio público: un espacio neutro, exento de marcas corporativas. Para este fin, l@s ciudadan@s apoyan tanto la restricción de la publicidad en aquellos lugares en los que l@s individu@s no tienen opción a ignorarla, como la regulación de la publicidad encubierta dirigida a l@s menores. 

 • Un@ ciudadan@ es un@ “ciberciudadan@” y entiende Internet como un lugar para el compromiso cívico. L@s ciudadan@s tratan el ciberespacio como una extensión del dominio público y abogan para que continúe siendo un bien común que ofrezca un tratamiento igualitario al tráfico de contenidos en todas las plataformas informáticas.

• Un@ ciudadan@ es sensible a la manera en que se presentan las noticias y a la prioridad que se les da, y es consecuente en el consumo que de ellas hace. Se mantiene informad@ a través de fuentes variadas que tratan asuntos nacionales e internacionales, e incita a l@s editor@s a que resalten las noticias con contenidos de largo plazo. L@s periodistas comprenden la magnitud de su influencia y, por ende, que su responsabilidad ─no mermada por obligaciones comerciales─ es directamente proporcional a esta. A su vez, l@s ciudadan@s vigilan posibles erosiones en la libertad de prensa. 

 • Un@ ciudadan@ reconoce que los problemas políticos y sociales suelen ser complejos y, por tanto, no busca respuestas fáciles a preguntas difíciles.

 • Un@ ciudadan@ le hace frente a la cultura del miedo que se manifiesta en la calle y se manipula por la prensa. L@s ciudadan@s protestan por la normalización de la vigilancia como hecho cotidiano y por la erosión de cualquiera de las libertades civiles ─especialmente en nombre de aquell@s que no pueden defender sus propios derechos─.

 • Un@ ciudadan@ respeta la ley se familiariza con sus procesos. Aprende cómo se gesta, cómo se desarrolla y cómo se puede rebatir.

 • Un@ ciudadan@ vigila las influencias antidemocráticas en la vida pública y se mantiene alerta sobre el peligro que los monopolios representan para el crecimiento de una sociedad civil. L@s ciudadan@s exigen acceso a la pluralidad de opinión en prensa, fundamentándose en que una sociedad abierta no tiene por qué ser necesariamente democrática, mientras que una democracia es, por pura naturaleza, abierta. L@s ciudadan@s retan a l@s polític@s a que sean transparentes en su labor de ejercer presión para la elaboración y puesta en marcha de las políticas.

• Un@ ciudadan@ tiene una visión cosmopolita: combina un entendimiento universal de la ética con la apreciación de maneras de pensar particulares. L@s ciudadan@s rechazan la estrechez mental y el relativismo cultural, y se oponen a la segregación del espacio público ─ya sea el surgimiento de un gueto o la marginación de una comunidad─. 

 • Un@ ciudadan@ entiende la desigualdad como una barrera para la cohesión social, y hace notar la falta de igualdad de oportunidades para las personas de cualquier parte del mundo.

 • Un@ ciudadan@ ayuda a crear un entorno en el que las personas sean conscientes de su salud física y mental y se ocupen de ella, y donde el acceso al tratamiento sanitario sea accesible para tod@s y gratuito en cualquier punto en el que se proporcione. L@s ciudadan@s se educan a sí mism@s en materia de protección y prevención ─tanto como personas públicas como privadas─ y contribuyen, en lo posible, con la donación de sangre y órganos. Un@ ciudadan@ es consciente de las dificultades a las que se enfrentan l@s ciudadan@s discapacitad@s y presiona para obtener mayor acceso a las zonas públicas: un@ ciudadan@ ayuda a que la carga de sus conciudadan@s sea menor. 

 • Un@ ciudadan@ combate la cultura de las expectativas pobres. L@s ciudadan@s tienen ambiciones: para su propio crecimiento, el bienestar de su comunidad y el desarrollo de de su sociedad. 

 • Un@ ciudadan@ es maestr@ y alumn@, y aboga por el aprendizaje de por vida. L@s ciudadan@s se oponen a la comercialización de le educación y, en su lugar, enfatizan la importancia que esta tiene en el desarrollo del pensamiento crítico y creativo.

 • Un@ ciudadan@ aprende de los logros humanos; para saber cuál es el potencial de sus conciudadan@s.
 • Un@ ciudadan@ aprende de la crueldad humana; para saber cuál es el potencial de sus conciudadan@s.
 • Un@ ciudadan@ aprende de la vía del medio.

 • Un@ ciudadan@ se interesa por otras culturas y civilizaciones y aprovecha la oportunidad de viajar y aprender otras lenguas.

 • Un@ ciudadan@ trata a un@ extranjero@ como a un@ conciudadan@. Considera la ciudadanía de l@s demás como vitalicia, pero su propia ciudadanía como el resultado de su tesón.

 • Un@ ciudadan@ tiene por brújula su conciencia. L@s ciudadan@s sienten empatía, y la consideran como una condición previa al juicio crítico, no como su sustituta.

 • Un@ ciudadan@ se plantea las ideas de las diferentes tradiciones religiosas rechazando, así, el dogma. Se abre a la maravilla y a la razón, y al poder de la imaginación.

 • Un@ ciudadan@ mira hacia el espacio para un mayor entendimiento sobre quiénes somos y de dónde venimos. L@s ciudadan@s ven la exploración del universo como la máxima expresión de los anhelos humanos y también como una oportunidad para la colaboración global. Además, comprenden que estas andaduras podrían ampliar nuestro conocimiento de la biosfera sobre la Tierra y actuar como catalizador de innovaciones científicas y tecnológicas.

 • Un@ ciudadan@ no se toma cualquier actividad como si fuese una transacción. Sabe que lo que tiene valor no siempre es considerado como útil y que muchas actividades de provecho no generan ganancia material alguna. 

 • Un@ ciudadan@ se interesa por las Artes y valora la clarividencia que estas arrojan sobre la condición humana. Comprende que las Artes proveen a l@s ciudadan@s con la gramática para acoplarse al mundo y reconoce su capacidad para destilar belleza, inspirar empatía e iluminar la dignidad humana. Se asegura de que l@s ciudadan@s tengan acceso a las Artes a una temprana edad, y que sean motivad@s hacia la curiosidad y la experimentación.

 • Un@ ciudadan@ se interesa por las Ciencias y valora la clarividencia que estas arrojan sobre la condición humana. Comprende que las Ciencias proveen a l@s ciudadan@s con el vocabulario para entender el mundo y reconoce su capacidad para descubrir la naturaleza, generar avance en la cultura y mejorar la calidad de vida. Se asegura de que l@s ciudadan@s tengan acceso a las Ciencias a una temprana edad, y que sean motivad@s hacia la curiosidad y la experimentación.

 • Un@ ciudadan@ se desafía a sí mism@ a tener libertad de pensamiento y reconoce que mantener esta independencia supone un reto constante. Se atreve a abrir nuevos caminos, sabiendo que la exploración es la vía para la innovación.

 • Un@ ciudadan@ profundiza en los asuntos que surgen de los avances de la medicina biomédica y presiona para que los descubrimientos sobre información genética sean del dominio público. L@s ciudadan@s amplían los debates éticos para que abarquen las cuestiones de la autonomía y la disconformidad, y dan los pasos necesarios —a través de la ley si fuese preciso─ para asegurar el derecho de todas las personas a la independencia de su identidad.

 • Un@ ciudadan@ reflexiona sobre lo que significa ser ciudadan@. Debate la ciudadanía con sus contemporáne@s y propone maneras de desarrollarla.

 • Un@ ciudadan@ es un ejemplo a seguir y tiene en cuenta su influencia ─sobre todo en l@s ciudadan@s más jóvenes─. Es conocedor@ del poder que el ejemplo ejerce, y de cómo su sociedad define y recompensa los logros. L@s ciudadan@s proporcionan un ambiente de seguridad, cariño y atención a l@s menores, tomándose un especial interés en su desarrollo y transmitiéndoles el concepto de ciudadanía.

 • Un@ ciudadan@ le da valor a la contribución de las generaciones anteriores. Aprende de su esfuerzo y conmemora su sacrificio, consciente de la responsabilidad que una generación tiene con la siguiente. Trabaja para establecer las condiciones que permitan a l@s ciudadan@s mayores vivir con dignidad y se toma ese esfuerzo como un acto de reciprocidad, no como caridad.

 • Un@ ciudadan@ comprende la importancia que tiene el reconocimiento. Aprecia la contribución cívica de sus conciudadan@s, aun cuando no busca ser recompensad@ por cada acto de nobleza.

 • Un@ ciudadan@ se exige más a sí mism@ que a sus conciudadan@s.

 • Un@ ciudadan@ nutre el espíritu de la ciudadanía. Entiende que ejercitar la nobleza cívica es un hábito, y que la maestría viene con la práctica.

 • Un@ ciudadan@ aspira, sobre todas las cosas, a ser ciudadan@.

Benjamin Ramm
Londres
primavera 2011
 
Traducción
 de Pilar Serrano
agosto 2012